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Responsabilidad Civil Extracontractual: el daño moral mínimo

29 Marzo, 2017
Por Officium Lex
Podría  razonarse  que,  en  nuestro  caso,  partir de  la  consagración  constitucional  expresa  del principio de total indemnidad en el artículo 41 de la Constitución Política – “Ocurriendo a las leyes, todos han  de  encontrar reparación para  las  injurias  o daños que  hayan  recibido en  su  persona, propiedad  o  intereses  morales.  (…)” una  temática  como  la  que  aquí    proponemos  podría  resultar bizantina  ya  que  pareciera  ser  que  el  mandato  obligaría    a  reparar  todos  los  daños  patrimoniales  o extrapatrimoniales, sean de la entidad que sean, aun cuando puedan reputarse “mínimos”.
En  términos  generales,  cierta  doctrina  y  jurisprudencia  comparada han  considerado  que,  a diferencia del daño material que siempre debe ser reparado en la medida que se pruebe, en el caso del daño moral subjetivo o de afección, la alteración del ánimo que autoriza la reparación del daño moral  debe  presentar  cierta  magnitud  para  ser  reconocida  como  tal  ya  que  no  cualquier  malestar trivial,  de  escasa  importancia,  propio  de  la  vicisitudes  de  la  cotidianeidad  o  de  la  inevitable convivencia o de la actividad que el individuo desarrolle, lo configurarían. 
La  cualidad  de  agravio  moral  como  un  perjuicio, no  exime  a  quien  sostiene  este tipo  de  padecimiento  de  la  exigencia  de  alegar  clara  y  concretamente  de  qué  manera  el  mismo  se suscitó y en qué consiste lo que permitirá al juzgador apreciar su magnitud y el mérito de ser objeto de resarcimiento económico.
Esto significaría establecer, empíricamente la existencia de un “umbral” o “piso” de  molestias,  inconvenientes  o  disgustos  a  partir  del  cual  recién  este  perjuicio  se  configuraría jurídicamente  siendo  procedente  su  reclamo,  de pendiendo  su  reconocimiento  en  principio  del arbitrio  judicial,  para  lo  cual  bastaría    la  certeza  de  que  ha  existido,  sin  que  sea  necesaria  otra precisión ni  prueba específica para tenerlo por demostrado.
Hace tiempo, la doctrina y la jurisprudencia de otros países vienen acuñando el concepto de
“daño  moral  mínimo”  tratando  de  arribar  a  la  conclusión,  básicamente  empírica,  sobre  donde  se encuentra    el  umbral  o  piso  a  partir  del  cual  los  estados  de  angustia,  incertidumbres,  molestias, padecimientos  o  incomodidades  constituyen  daño  moral  resarcible,  notándose,  por  otro  lado,    un descenso considerable de dicho umbral.
Así  se  habla  de  “daños  morales  mínimos”,  a  los  que  se  los  concibe  como  “aquellas  angustias,  molestias  o  trastornos  provocados a  una  persona  que,  aunque  no  son  graves  y  de envergadura, producen y son injustos, no están fuera de la tutela resarcitoria bajo el pretexto de ser mínimos”.
La jurisprudencia argentina  
La Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Azul, Provincia de  Buenos  Aires,  en  la  causa  Bargas  Sandra  Marina  c/  Casa  Silvia  S.A,  en  sentencia  del  22/12/ 2011, revisando una de primera instancia, se refirió a estas cuestiones.
En el caso, S.M.B inició contra C.S.S.A un proceso de reclamación de daños y perjuicios en
virtud  de  que  había  recibido,  en  forma  errónea,  de  la  empresa  demanda,  una  carta  en  la  que  se  la consideraba garante de otra persona que, efectivamente les adeudaba.
Manifestaba  la  actora  que  desconocía  totalmente  a  la  deudora,  que  nunca  había  suscripto documento  alguno  con  ella    y  que  cuando  se  presentó ante  la  empresa  con  el  objeto  de  aclarar  la situación  el  personal  administrativo  de  la  misma  intentó  confundirla  con  la  intención  de  hacerle firmar  un  papel  como  garante,  a  lo  que  se  negó  en  forma  rotunda.  Por  esa  razón  envió  a  la accionada  una  carta  documento  considerando  falaz, maliciosa  e  improcedente  la  misiva  de  la empresa  negando adeudar suma alguna, como así también haberse constituido como garante. 
En   su   acción   reclamaba   daño   moral   y   psicológico,   pago   de   costos   causídicos   extrajudiciales, intereses y costas.
La empresa demandada contestó reconociendo sus cartas y afirmando que se trataba de un error  que  constituía  un  episodio  corriente  en  este  tipo  de  giro  comercial,  a  la  vez  que  consideraba exagerados los montos resarcitorios reclamados por la actora.
La  primera  instancia  había  rechazado  la  demanda  incoada  considerando,  por  un  lado,  que no  se  había  acreditado  el  nexo  causal  que  vinculara el  daño  reclamado  con  el  hecho  causante  del mismo  y,  por  otro,  porque,  mas  allá  de  haberse  probado  que  la  actora  sufrió  padecimientos  al habérsela considerado deudora, el corto tiempo que duró la incertidumbre no constituía daño moral resarcible. Ante ello, la actora apeló la sentencia, cuestionando la apreciación sobre la inexistencia del nexo causal y, en lo que aquí interesa, aseverando que debían valorarse seriamente los momentos de incertidumbre, dolor psíquico, molestias, sinsabores, angustias, etc… conforme  surgía de la prueba producida.  
Había  quedado  demostrado  perfectamente  en  autos  que  el  hecho  considerado  dañoso,  el envío de la carta errónea, fue  un acto realizado con ligereza y negligencia, toda vez que una entidad dedicada  a  la  actividad  crediticia  debería  actuar  con  la  mayor  diligencia  y ello  relacionado  con  la seguridad que debe brindar a sus clientes y potencial es clientes en el manejo de la información que se  realiza  de  sus  datos  personales  y  su  condición  frente  al  crédito.    En  este  contexto  la responsabilidad  de  la  demandada  nacía  por  la  imprudencia  de  haber  remitido  una  carta  en  esos términos  provocándole    las  molestias,  angustias  e  inconvenientes  por  los  que  realizaba  el  reclamo  indemnizatorio   quedando   así   demostrado   el   hecho   antijurídico   que   afectó   a   la   actora,  comprendiendo ello el daño y el nexo causal. 
Por otra parte, en la  sentencia cuestionada se había probado dichos padecimientos por parte de SMB, aunque no se los consideró resarcibles.
El  Tribunal  recordó  una  también  reciente  sentencia  de  la  Suprema  Corte  de  Buenos  Aires donde se conceptualiza el daño moral, diciendo: “Debe considerarse al daño moral como la lesión a derechos  que  afecten  el  honor,  la  tranquilidad,  la seguridad  personal,  el  equilibrio  psíquico,  las afecciones  legítimas  en  los  sentimientos  o  goce  de  bienes,  así  como  los  padecimientos  físicos  o espirituales  que  los  originen,  relacionados  causalmente  con  el  hecho  ilícito.  En  cambio  no  es referible a cualquier perturbación del ánimo. Basta para su admisibilidad la certeza de que existió,ya  que  debe  tenérselo  por  demostrado  por  el  solo hecho  de  la  acción  antijurídica. 
(SCBA C 101573 del 17-8-2011, “Binelli, Rosana Laura c/ BBVA Banco Francés S.A. s/ Daños yperjuicios”).
También trae a consideración otras resoluciones que señalan que “el daño moral constituye
toda  modificación  disvaliosa  del  espíritu,  es  su  alteración  no  subsumible  solo  en  el  dolor,  ya  que puede consistir en profundas preocupaciones, estados de aguda irritación, que exceden lo que por el sentido amplio de dolor se entiende, afectando el equilibrio anímico de la persona sobre el cual los demás  no  pueden  avanzar;  de  manera  que  todo  cambio disvalioso  del  bienestar  psicofísico  de  una  persona  por  una  acción  atribuída  a  otra  configura  un  daño  moral”  (SCBA  L  55.728  del  19-995, “Toledo,  AC  y  Sent.  1995-III-635,  ésta  Cámara  Sala  II  causa  citada  “Carrillo…”  del  11/02/2010, esta Sala causa n° 54208 “Martinezc/ Galarza…” del 15/12/2011).
De allí que probados los padecimientos de la actora, y aunque el estado no se prolongó en el tiempo, se dieron ciertos daños que, aun siendo mínimos, han de resarcirse, lo que también significa que hay ciertos daños que no son resarcibles.
Por  otra  parte  un  repaso  por  los  repertorios  jurisprudenciales  argentinos  permite  constatar que  ese  umbral  o  piso  a  partir  del  cual  las  molestias,  padecimientos  o  incomodidades  constituyen daño jurídico en la órbita del daño moral ha descendido notablemente. 
Como  dice  ZAVALA  GONZALEZ   “para  reputar  configurado  un  daño  moral,  no  resulta necesario probar llanto, sufrimiento o depresión exteriorizados hacia terceros; aquel reviste superior amplitud y se configura ante un contexto que altere el equilibrio existencial de las personas muchas veces  íntimo  y  no  publicitado…  no  necesita  presentar  testigos  que  relaten  haber  presenciado aquellas  situaciones,  ni  el  juez  podría  rechazar  la pretensión  por  falencia  de  declaraciones  de  ese tenor.  Insistimos  en  que,  prácticamente,  dicha  solución  no  reconoce  excepciones  cuando  se arremete  la  existencia,  la  salud  o  la  dignidad  de  las  personas”  (Tratado  de  Daños  a  las  Personas. Resarcimiento del daño moral, p. 505).
La jurisprudencia patria En  Costa  Rica,  también  recientemente,  se presentó  una  situación  que  aunque  no  idéntica, pudo  permitir  la  introducción  de  ciertos  razonamientos  similares.  A  raíz  de  la  caída  que  sufrió  un menor en los pasillos de un conocido supermercado, cuyo piso estaba mojado producto de goteras,
donde sufrió una fractura en su tibia izquierda, que lo inmovilizó e incomodo por casi sesenta días, sus padres reclamaron, junto al daño material y al daño físico, la suma de  ¢5 000 000,00 por daño moral y ¢1 000 000,00 por daño psicológico.
La tesis de la demandada, en este punto, era que tanto las  pretensiones  como  las  sumas  fijadas  en  otras  instancias  resultaban  excesivas  ante  los  daños morales y psicológicos que se describían.
Ante esto la Sala de Casación afirmó:   “…Los  hechos  de  la  demanda  contienen  una breve  síntesis  de  las  circunstancias  que rodearon  al  accidente  del  que  fue  víctima  el  menor.  En  el  identificado  con  el  número  4  se  refiere que  estuvo  gritando  luego  de  la  caída.  Además,  en el  acápite  de  pretensiones,  de  manera  literal indicaron:
“Daño  moral:  Debido  a  que  el  menor  vio  interrumpidas  sus  actividades  cotidianas  y  normales  para  él  y  pasar  de  ser  un  niño  activo  a  un niño  obligatoriamente  pasivo  producto  de  la lesión, del dolor indescriptible, que probablemente solo nosotros como padres logramos visualizar, la impotencia de  poder  hacer  frente  a  sus  actividades  académicas  y  deportivas,  ha  causado trastornos  psicológicos al  menor  y  de pérdida  de  su  autoestima (…)” (El  destacado  es  suplido).  Esto evidencia que sí formularon reclamos por afilicciones del fuero interno, que fueron examinados como daño moral, de ahí que al concederlos, no se quebrantó la congruencia del fallo, pues mediaba correlación  con  lo  pedido  por  la  parte  actora  y  lo definido  en  sentencia.  Ahora,  respecto  a  la proporcionalidad  del  daño  –exorbitante  según  el  recurrente-  estima  la  Sala  que  lleva  razón.  En efecto,  conforme  al  cuadro  fáctico  que  se  tuvo  por demostrado,  el  menor  estuvo  con  la  férula  por espacio  de  60  días.  Si  bien  esto  le  debió  generar  tristeza,  impotencia  y  enojo  –entre  otros sentimientos-, estima la Sala que no hay correlación entre el tiempo que duraron esas afectaciones y la  indemnización  concedida,  que  en  criterio  de  esta  Cámara  debe  fijarse  en  la  suma  de  ¢1  000 000,00. Nótese que la finalidad de la responsabilidad civil es asegurar, hasta donde sea posible, la indemnidad del sujeto, o al menos su reparación, por lo cual la imposición de sanciones veladas, al estilo de los daños punitivos normados por otros ordenamientos, están fuera de la idea plasmada por el Constituyente en el artículo 41 supra relacionado.
Por estas razones habrá de acogerse el recurso para  anular  la  sentencia  del Tribunal  únicamente  respecto  al  monto  impuesto  por  daño  moral, revocar el del Juzgado y conceder, por ese importe, la suma de ¢1 000 000,00.”. (Sala Primera de la Corte Suprema de Justicia. N° 001153-f-s1-2011 de la 9,35 hrs. del 3 de setiembre del 2011.)
Entendemos  que  de    este  modo  la  Sala  de Casación  al  mismo  tiempo  que  desestimula  las pretensiones  económicas  exageradas  propias  de  los  sistemas  en  donde  la  responsabilidad  civil cumple también una función punitiva o disuasiva, deja claro que aunque ciertos daños morales porafección resulten mínimos, deben ser reparados.
Juan Carlos Castro Loría
Abogado Director 
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